Thursday, March 01, 2007

Ocaso

Te veo venir, desenvainas mi fiera, elucumbras mi alma. Ahí donde me has clavado; eternizando mi lamento, arrebatando mi tino, perpetrando mi momento en carmesi.
El rezo aviolinado de los gallos, la sombra en pena de un naranjo, se inspiran mis sentidos sintiendome divino, tan liviano, tan alto.
La virgen inmovil, abrazando un nino, las seis huele a tabaco y cuava, se queda dormido mi cuerpo, se levanta, divaga mi alma.

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